Resultados de la Intervención Arqueológica previa a la recuperación de un tramo de la Calzada de San Adrián entre Urbieta y Arrizabal (Zalduondo, Álav

COMUNICACIÓN REALIZADA EN LAS JORNADAS CONGRESUALES:
“MICAELA PORTILLA. IN MEMORIAM”,
Celebradas en Febrero de 2007 en Vitoria-Gasteiz y organizadas por Eusko Ikaskuntza y
la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País
La intención del Ayuntamiento de Zalduondo de recuperar y poner en valor parte del Camino de Santiago que atraviesa este Municipio motivó una actuación arqueológica previa encaminada a delimitar de manera fiel su trazado y a prestar asesoramiento técnico durante estas obras a los encargados de llevarlas a cabo.
El tramo del que hablamos se trata de una senda paralela al Arroyo Kaztiaran, apenas transitada, entre los términos de Urbieta y Arrizabal, junto a la carretera que lleva a la zona conocida como “los sondeos de Urkilla”. A pesar de que la vegetación lo ha ocultado en gran parte, se pueden entrever restos del antiguo empedrado que poseía y tras cruzar el arroyo, se convierte en una pista de tierra hasta enlazar de nuevo con la carretera. Como parte de la calzada que, desde el Túnel de San Adrián, desciende hasta Zalduondo, este tramo se incluye en el ámbito genérico del Camino de Santiago a su paso por Álava formando parte de “los caminos extraviados de Álava” como apunta Micaela Portilla, siempre citando a las fuentes escritas.
En lo que la Intervención Arqueológica se refiere, se inició con la elección de puntos a lo largo del tramo en los podrían abrirse sondeos, ya bien porque no estaba claro el trazado de la calzada o ésta había desaparecido totalmente, en donde podría ser conveniente sacar a la luz la estructura y allí donde era interesante documentar su proceso de degradación o de posibles reparaciones. Se optó finalmente por la excavación de 16 sondeos superficiales, metodología que se aproxima bastante a lo que la Ley de Patrimonio Cultural Vasco y la Normativa Foral sobre Actividades Arqueológicas en Álava denominan “prospección con catas”. Concluido este trabajo se colocaron estacas a lo largo de todo el recorrido, una cada 15 ó 20 metros, que se georeferenciaron mediante la utilización de un GPS. Así, todo el trazado de este tramo puede ser seguido sobre la ortofoto correspondiente del Archivo Cartográfico de la Diputación Foral de Álava.
El principal resultado que se puede extraer es que la calzada se conserva en gran parte de este tramo, pero ha sufrido un proceso de degradación que ha terminado por hacerla desaparecer de la vista casi en su totalidad. Éste comienza con el abandono de parte del empedrado para su uso exclusivo de caminantes y monturas. El lado utilizado, normalmente el izquierdo según se desciende, va sufriendo un proceso de desgaste y de desaparición de los cantos del empedrado interno, mientras el otro va quedando oculto por el desplazamiento del terreno, muy arcilloso, y por el crecimiento de la vegetación. En varios puntos la senda discurre incluso paralela a la calzada original. (Pero si la cubierta vegetal protege su estructura en unos puntos, en otros la propia presión del sustrato geológico y la acción de las raíces de los árboles va descomponiendo el empedrado que los torrentes de agua que corren ladera abajo terminan por arrastrar.
Allí donde se conserva, la calzada presenta una estructura de entre 2 y 2,75 metros de anchura, con dos alineaciones laterales paralelas de grandes piedras, la del lado izquierdo de mayor tamaño y presentando desgaste por rodaduras y por el paso continuado de personas y ganado. El interior está compuesto de un empedrado a base de cantos rodados extraídos del río, dividido en dos por un nervio central constituido por cantos alargados. Varios caños transversales integrados de obra en el empedrado funcionarían a modo de desagües en puntos concretos. Toda la estructura asienta sobre una capa de cascajo procedente de la trituración de la roca que nivela el terreno y une las piedras, con ayuda de la arcilla que constituye el estrato natural. Los desniveles laterales se salvan con la colocación de piedras escuadradas de gran tamaño en el lado más bajo del terreno. Respecto a su trazado, evita tanto las fuertes pendientes como las curvas pronunciadas, salvando en lo posible la ribera del río ya que, pese a disponer de muros de contención, la fuerza del agua ha erosionado el terreno de forma considerable.
Entre estos resultados, como puede apreciarse, no aparece dato cronológico alguno sobre el momento de construcción del empedrado en este tramo, su perduración en el tiempo o sobre su abandono como ruta, ya sea comercial, sobretodo, o de peregrinaje. Para ello debemos incluirlo en el contexto general del resto de la calzada, que fue objeto de un profundo estudio por parte de Elisa García en su Memoria de Licenciatura. De su consulta y del seguimiento sobre el terreno de este camino podemos extraer las siguientes conclusiones: El tramo objeto de estudio pertenece a una calzada anterior a la que ahora se sigue desde el Túnel de San Adrián. Ésta, con una anchura entre 3 y 3,40 metros, cuenta con alineaciones laterales de grandes piedras que en muchos casos no permiten el paso de carruajes al presentar muchas irregularidades. Las marcas de desgaste por rodaduras que sí aparecen en puntos aislados de estos encintados o en los cantos del interior serían consecuencia de la amortización del empedrado anterior, al que se solapa en parte de su trazado y al que corta en varios puntos. La construcción de esta calzada, ahora principal, que no se remontaría mucho más allá del siglo XVIII provocó que, donde no es coincidente, el trazado anterior se abandonara, quedando oculto por la vegetación en unos casos y desapareciendo como consecuencia de la acción de los agentes climatológicos, del arrastre del agua de torrenteras y, en definitiva, de la falta de mantenimiento. Allí donde aún es visible, el camino más antiguo, tiene unas características morfológicas similares al tramo ahora analizado.
Ambas calzadas formarían parte de una ruta única hasta el término de Zumarraundi, donde se desdobla en dos ramales. Uno va en dirección a Zalduendo, prácticamente desaparecido, del que forma parte el tramo en el que se han abierto los sondeos. El otro, continuación de la calzada que hoy se sigue desde el Túnel de San Adrián, desciende a Galarreta, mostrando elementos del empedrado más reciente y del anterior, ya que alterna alineaciones laterales de piedras con marcas de rodaduras con otras sin este desgaste en la parte superior y de factura más irregular.
Aunque el Paso de San Adrián y el camino que lo atraviesa haya sido transitado desde que existen asentamientos humanos a ambos lados de la sierra su uso no habría sobrepasado el ámbito local, sobretodo mientras era utilizada la cercana Iter XXXIV que, a su paso por la Llanada, era sin duda parte importante de esos “caminos extraviados” a Compostela durante la Alta Edad Media. No es necesario incidir en el hecho de que esta calzada romana era una vía de indudable importancia comercial, no sólo entonces, sino también en siglos posteriores. Sin ánimo de extendernos en cuestiones ya conocidas, decir que es la conquista de Álava y Guipúzcoa para el Reino de Castilla bajo el reinado de Alfonso VIII la que pone freno a esta vía principal, ya que se necesitaba comunicar Castilla con la frontera francesa y los puertos guipuzcoanos sin atravesar Navarra, revitalizándose así la ruta de San Adrián. La fundación en 1256 de las villas de Salvatierra en Álava y Segura en Guipúzcoa por Alfonso X son un factor más a tener en cuenta en este sentido, aumentando la importancia de este camino hasta casi equipararse con el principal eje de unión tradicional entre estas dos provincias, el Puerto de Arlabán por Salinas de Léniz. Es posible que sea entonces cuando se acondicione el camino de forma definitiva con un primer empedrado o, al menos, con el cuidado sistemático de su trazado, aunque la falta de documentación escrita anterior al siglo XIV no ayuda a asegurar esta hipótesis, en contraste con lo que sucede a partir de entonces y hasta el siglo XVII. Desde entonces son más abundantes las referencias a la necesidad de reparar y conservar la calzada tanto por parte del Estado como de las autoridades provinciales. Existen también referencias al tráfico ganadero a través del Túnel de San Adrián y documentos referentes al pago de tasas y peajes y su regulación por parte de La Corona.
Todos estos datos invitan a pensar que el tramo de calzada que la prospección y los sondeos arqueológicos realizados recientemente han sacado a la luz podría remontarse hasta el siglo XV, con sus reparaciones de mantenimiento regular hasta el siglo XVII esta ruta cae en desuso como camino carretero, siendo utilizado sólo por recuas y viajeros a pie y a caballo. El desplazamiento definitivo del “Camino Real de Postas” al Puerto de Arlabán en 1765 supone “la puntilla” para esta calzada, siendo prácticamente objeto de tránsito, de ámbito local, sólo el ramal que baja a Galarreta, en el que es visible aún su empedrado.
Hasta ahora nos hemos centrado en la Calzada de San Adrián como ruta comercial de carácter local inicialmente y a nivel “europeo” desde el siglo XIII. Los datos arqueológicos e históricos recopilados así lo atestiguan, pero no cabe duda de que a esta calzada hay que añadirle otra vertiente, que es la de su pertenencia al Camino de Santiago. Pero no es la actuación arqueológica sobre la calzada, la realizada ahora sobre el tramo específico del que hablamos ni el estudio llevado a cabo por Elisa García, lo que nos lleva a afirmar esto. Por ejemplo, las marcas de desgaste en parte de su estructura producto del paso de carruajes cuando la mayoría de peregrinos se desplazaban a pie o a caballo o el hallazgo en una de las galerías del Túnel de San Adrián de, entre otros objetos, 142 monedas de las que sólo dos no pertenecen a los reinos hispanos, o que el auge de esta ruta coincida con el momento de mayor tránsito por el “camino francés” no son precisamente pruebas que evidencien el paso de peregrinos. Incluso las fuentes documentales y bibliográficas, entre las que se incluyen los testimonios de viajeros recopilados por Julio César Santoyo se circunscriben en un altísimo porcentaje a los siglos XVI y XVII, cuando queda muy lejos en el tiempo el uso de esta ruta como uno de los “caminos extraviados” a Compostela. En Guipúzcoa incluso son sólo dos las referencias documentales a los peregrinos, de los siglos XIV y XV, y no citan San Adrián.
Es por ello que son precisamente las investigaciones de Micaela Portilla las que vinculan la calzada al contexto general del Camino de Santiago. En el tomo V del Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria, y sobretodo en Una ruta europea por Álava, a Compostela. Del Paso de San Adrián al Ebro hace una recopilación de los textos que se refieren a los “caminos ocultos” que atravesaban Álava, aunque éstos, muy generales, se refieren seguramente tanto a la Calzada de San Adrián, como a la Iter XXXIV y al Puerto de Arlabán. La enumeración y la detallada descripción de elementos relacionados con el peregrinaje a Santiago en Araia, Zalduondo y Galarreta, son en definitiva las evidencias que vinculan a la Calzada de San Adrián con el Camino de Santiago. Por no extendernos en algo ya de sobra conocido destacan las ermitas dedicadas a advocaciones vinculadas al Camino, como San Julián y Santa Basilisa, en el despoblado de Aistra, en Zalduondo, las desaparecidas de San Martín en Araia y Galarreta, la iconografía que guardan sus iglesias y los hospitales de peregrinos entre otros elementos y topónimos.
El indudable interés turístico de la Ruta de San Adrián como parte integrante que es del Camino de Santiago debería implicar más acciones como ésta de recuperación de la calzada en algunos tramos en los que ha desaparecido. Sin embargo, el estado en el que se encuentra el empedrado allí donde se conserva a la vista y que aún sirve de paso de excursionistas no invita precisamente a plantearlo. Como ya hemos dicho antes, una vez que se abandona su uso, el camino va siendo objeto de la acción del desplazamiento del terreno. Este proceso, unido a que las raíces de los árboles van desprendiendo los cantos del empedrado hace que su estructura se descomponga, siendo finalmente arrastradas las piedras por el agua, que corre incluso por encima de los restos de la propia calzada. Es precisamente donde la cubierta vegetal lo ha ocultado donde se conserva en unas condiciones a veces sorprendentemente buenas, lo que sugiere preguntarnos si merece la pena su puesta en valor.
En el caso concreto que nos ocupa, se ha propuesto al Ayuntamiento de Zalduondo y a las empresas implicadas en las obras de recuperación la posibilidad de exponer tramos puntuales de la calzada, aprovechando que la senda que hoy es transitada, discurre en parte por un trazado diferente al del propio empedrado. Para ello, se recomendó, por un lado, la consolidación de la estructura de la calzada y, por otro, el mantenimiento continuado de las zonas expuestas. Estas actuaciones se complementarían con la adecuada señalización carteles explicativos acordes con el entorno. Si ello tiene éxito, no habría de descartar la posibilidad de ampliar esta puesta en valor a otros tramos de la calzada hoy desparecidos o incluso a la que aún se conserva, incluyendo la completa georeferenciación de los distintos trazados, siempre y cuando se cumpla el principal requisito, el continuo mantenimiento de su estructura, garantizando su conservación. No olvidemos que fue este tipo de medidas el que propició durante siglos que hoy podamos aún caminar a través de una de las principales vías comerciales alavesas durante la Edad Media y Moderna además de rememorar mientras lo hacemos el paso de los primeros peregrinos que, por Álava, se dirigían a Compostela desde el Paso de San Adrián, al Ebro.
Autor: F. Javier Ajamil Baños

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