La Torre de los Ayala en Salvatierra-Agurain y su incidencia en el urbanismo de la villa durante la Baja Edad Media

COMUNICACIÓN REALIZADA EN LAS JORNADAS CONGRESUALES:
“MICAELA PORTILLA. IN MEMORIAM”
Celebradas en Febrero de 2007 en Vitoria-Gasteiz
y organizadas por Eusko Ikaskuntza yla Real Sociedad Bascongada de Amigos del País

Hasta la publicación, en 1973, del artículo de Micaela Portilla titulado “Fortalezas alavesas en 1592” (Boletín de la Institución Sancho el Sabio, XVII, pp. 7-47) apenas se conocían detalles de la fortaleza de los Ayala en la villa de Salvatierra. Se sabía, eso sí, su propia existencia y algunos de los avatares históricos en los que tomó parte, como el asedio al que las Hermandades de Álava sometieron en ella a Pedro López de Ayala, en 1443, o su ocupación, durante la Guerra de las Comunidades, por los partidarios de Carlos I en la villa, que se oponían así abiertamente a la voluntad de su señor, partidario y adalid del movimiento comunero en Álava.
Sin embargo, se desconocía otros muchos aspectos importantes como su fecha exacta de construcción (posterior, sin duda alguna, a la propia donación de la villa a los Ayala, realizada por Juan I en 1382), su emplazamiento concreto, y sus características físicas. Buena parte de estos interrogantes pudieron ser respondidos tras la localización y publicación por Micaela Portilla del artículo antes citado en el que se resumía una encuesta realizada, por encargo de la Corona, sobre el estado de conservación de cinco fortalezas alavesas en 1592. Estas cinco fortalezas eran, además de la de Salvatierra, las de las villas de Alegría y Bernedo, la del llamado Portal del Rey, en Vitoria, y el castillo de San Adrián, que se situaba en el interior del túnel del mismo nombre que comunicaba Álava y Gipuzkoa. Micaela Portilla no publicó los tres planos que ilustraban el texto, en los que se reproducen las plantas de las fortalezas de Salvatierra, Alegría y Bernedo.
Centrándonos exclusivamente en lo referido a la fortaleza de los Ayala en Salvatierra, M. Portilla destacaba el testimonio de diversos testigos que declaraban cómo los señores de Ayala se habían apropiado de la antigua puerta norte de la villa, que estaba fortificada y anexa a la iglesia de Santa María, y a partir de ella habían construido su torre y fortaleza. De esta forma, al ocupar la antigua puerta de la villa, se vieron obligados a cortar un pedazo de la propia iglesia para dejar espacio, y así abrir una calleja que permitiera el tránsito por esa parte de la villa. Además, se describían de forma somera sus características constructivas, su ruinoso estado de conservación,…, destacando la altura de la torre principal (unos 80 pies, que equivaldría a unos 22 m.) y la existencia de importantes defensas hacia el interior de la propia villa (un torreón ochavado con saeteras protegido por un foso), lo que confirmaba, según declaraban los testigos, su construcción no para defender la villa sino para dominarla y controlarla (Portilla, 1973:27-29).
Posteriormente, en el transcurso de las diversas investigaciones arqueológicas desarrolladas por Ondare Babesa S.L. en la villa, pudimos localizar en el Archivo Municipal, un documento de características similares, pero unas décadas más antiguo y centrado exclusivamente en la antigua torre de los Ayala. Se trata de una extensa encuesta realizada el año 1524 para determinar la necesidad o no de continuar mantenido en buen uso la mencionada fortaleza. Se debe tener presente que en esa fecha todavía estaban muy recientes los sucesos de la revuelta comunera (1520-1521), por lo que entre los vecinos que prestan declaración se defiende abiertamente su derribo, a la vista de su ineficacia para la defensa de la villa. Está opinión, seguramente mediatizada por opiniones políticas contrarias a los Ayala, no es sin embargo compartida por el tenente de la fortaleza que, pese a ser rival político de los antiguos señores, se opone a la demolición seguramente para poder seguir cobrando la retenencia, cantidad asignada por la Corona para su mantenimiento.
En esencia se repiten las características señaladas en 1592, destacando el mejor estado de conservación de la estructura de habitación interna. Sin embargo, sí se aportan nuevos datos sobre la fecha de construcción y sobre todo, sobre su relación con la iglesia de Santa María:
Con respecto a su origen, dos de los testigos, de 84 y 85 años de edad respectivamente, declaran recordar la construcción de la fortaleza cuando contaban con unos ocho años de edad, esto es, en torno a 1447, existiendo hasta entonces únicamente la torre que protegía la propia puerta, que formaba parte del sistema defensivo general de la villa. Parece por tanto que, durante el asedio que sometieron las Hermandades de Álava a Pedro López de Ayala en la villa en el año 1443, la fortaleza no estaba aún construida. Es posible, incluso, que la experiencia vivida provocará su edificación, al pretender los Ayala asegurar y mejorar su posición defensiva en la villa frente a futuros ataques.
En lo referente a las relaciones entre la fortaleza y la iglesia de Santa María, los encuestados recuerdan que ambos edificios estaban unidos, haciendo la torre que defendía la puerta la función de campanario de la iglesia. Unos años más tarde, cuando ya se había construido la fortaleza, los Ayala tapiaron la puerta original de la villa y abrieron una nueva, de menor tamaño, entre la antigua y el templo. Para ello fue necesario desmontar parte de la propia estructura de la iglesia, que según los testigos se unía y formaba todo uno con la torre de la puerta, de manera que se librara un estrecho paso hacia la villa que obligaba a transitar a los viandantes y al ganado por encima del antiguo cementerio.
Ante el deterioro causado a la fábrica de Santa María, el cabildo y los vecinos debieron de empezar a pensar en la posibilidad de construir un nuevo edificio, de mayor superficie y calidad que el anterior. Sin embargo, debió de parecer conveniente separar en la medida de lo posible la fachada del nuevo templo de la fortaleza, por motivos de seguridad y para dar una mayor anchura a la calle que terminaba en la nueva puerta de la villa. En consecuencia, la única salida posible, si se quería mantener la misma ubicación, era la ampliación hacia el este, es decir, fuera de los límites de la antigua muralla.
De esta forma surgió el actual edificio, cuya estructura parece responder en su mayor parte a este momento constructivo que cronológicamente puede situarse en el siglo XV, con algunas actuaciones puntuales que podrían haberse prolongado hasta comienzos del XVI. A esta interpretación apuntan las claves de la bóveda que presentan el escudo de los Ayala (indicio de su participación en la financiación del nuevo edificio) y el coro situado a los pies del templo, decorado con un gran escudo de Carlos I, que se contrató en el año 1530. Por otra parte, y para dar continuidad al adarve que discurría por la parte alta de la muralla de la villa, que quedó cerrado al realizarse la nueva edificación, se construyó el paseo de ronda cubierto que recorre todo el perímetro de la nueva iglesia, por encima de las naves laterales.
Para terminar, se debe señalar que la antigua fortaleza de los Ayala no fue reconstruida, por lo que la visita de 1592 constató la ruina de su estructura interna. Finalmente, a mediados del siglo XVII el concejo autorizó su demolición parcial, asegurándose que no se alterar la antigua muralla de la villa, que debió de recuperar parte de su antiguo aspecto al volverse a abrir la antigua puerta de Santa María, cuyo torreón aún seguía en píe a finales del siglo XVIII.
Autor:
Javier Fernández Bordegarai

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