Los Traductores del Pasado

Artículo periodístico publicado en Deia, el 30 de Abril de 2007, con declaraciones de l@s codirector@s de la excavación llevada a cabo en La Fábrica de Boinas La Encartada y que ha exhumado, en su primera fase, los restos de una ferrería datada en el siglo XV.

Uno de los hornos localizados en la excavación
Fotografía: José Ángel Fernández Carvajal
(Ondare Babesa, S.L.)
Los traductores del pasado
Hacen la misma labor que Indiana Jones pero la
aventura no es el punto fuerte de este equipo de arqueólogos que está sacando a la luz los restos de una ferrería cuyos orígenes se remontan al siglo XV.
Elixane Castresana
Desde el pasado día 11 de abril el Museo de Boinas de la Encartada, en Balmaseda, se ha convertido en el cuartel general de un grupo de excavación que tiene el propósito de sacar a la luz los restos de una ferrería que están a su lado y cuyos orígenes se remontan al siglo XV. Su trabajo se asemeja al de los obreros de la construcción en cuanto a horario, temporalidad e instrumentos: cepillos, paletas y excavadoras cuando es necesario. Además, desempeñan su trabajo al aire libre soportando, con frecuencia, las inclemencias meteorológicas con el propósito de descubrir los secretos que los sedimentos han ido sepultando a lo largo de los siglos. Pero esta vez hay algo nuevo, ya que el equipo no está acostumbrado a tantos miramientos. “En el museo disponemos de un sitio donde cambiarnos, cafetería… Es todo un lujo, en muchas ocasiones nos llevamos la comida en termos porque estamos en solares en medio de la nada”, afirma María José Torrecilla, codirectora de la excavación.
El hallazgo tiene gran importancia dado que va a descubrir la totalidad de la estructura colindante a las viviendas de los obreros de la antigua fábrica que ocupa “unos 300 metros”, apunta José Ángel Fernández, de Ondare Babesa, S.L., codirector del proyecto. Por esa razón, y puesto que esperan respetar el calendario que se han marcado antes de evaluar los resultados, todas las horas son pocas. A las ocho de la mañana los arqueólogos ya se encuentran a pie de obra después de desplazarse desde las inmediaciones de Bilbao. Una vez retirada la superficie del terreno, ahora se encuentran enfrascados en la limpieza de uno de los hornos, labor que completan con el máximo cuidado tarareando Yesterday de los Beatles. Es una de las múltiples alternativas que se inventan para hacer lo más amenas posible las horas al aire libre. También las llenan con una buena conversación. Unai Aurrekoetxea sonríe al mencionar la interesante discusión teológica que mantuvieron la víspera “acerca de la existencia de Jesús”. En torno a las seis de la tarde recogen los bártulos. Pero les queda el trabajo de oficina que resulta invisible a quienes no conocen el mundo de la arqueología. “Nos reunimos y analizamos los avances de la jornada”, indica José Ángel Fernández. Ya en casa hay que rellenar fichas técnicas, trazar planos, etc. “Podríamos hacer todo esto al final, pero para que funcione bien es mejor llevarlo al día”, añade. Y es que el tiempo apremia y la excavación se solapa con el inicio de las obras de la rehabilitación de las casas, construidas en 1892. “Nosotros realizamos arqueología de gestión, no de investigación”, matiza María José Torrecilla. Lo que implica “el cumplimiento de ciertos plazos”. De acuerdo a sus estimaciones tardarán un mes en desenterrar los restos y obtener por tanto las evidencias que permitan descifrar el pasado económico del lugar, desde “la ferrería primitiva del siglo XV, otra posterior del XVIII, un molino y finalmente el aprovechamiento de los recursos de la fábrica”. En eso consiste su cometido, “no en cazar tesoros”, dice Unai Aurrekoetxea, porque cuando cuentas que eres arqueólogo la gente te asocia con Indiana Jones”.

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