Camino de Santiago

La casualidad, o los duendes de la imprenta, ha querido que el mismo día apareciesen dos artículos sobre el Camino de Santiago escritos por dos compañeros de Ondare Babesa en distintos medios.

Publicado originalmente en http://www.euskonews.com/0469zbk/gaia46902es.html. en el número 469 de Enero de 2009

Intervención arqueológica de la calzada de San Adrián en Zalduondo

La intención del Ayuntamiento de Zalduondo de recuperar y poner en valor parte del Camino de Santiago que atraviesa este Municipio motivó a finales del año 2006 una actuación arqueológica encaminada a delimitar de manera fiel su trazado y a prestar asesoramiento técnico a los encargados de llevar a cabo las obras. El tramo en concreto es una senda paralela al Arroyo Kaztiaran, entre los términos de Urbieta y Arrizabal. Como parte de la calzada que, desde el Túnel de San Adrián, desciende hasta Zalduondo, este tramo se incluye en el ámbito genérico del Camino de Santiago a su paso por Álava.

Tramo de la calzada analizado Tramo de la calzada analizado.

La Intervención Arqueológica consistió en la apertura de sondeos donde no estaba claro el trazado de la calzada o ésta había desaparecido totalmente, en donde podría ser conveniente sacar a la luz la estructura y allí donde era interesante documentar su proceso de degradación o de posibles reparaciones. El principal resultado que se pudo extraer es que la calzada se conserva en gran parte de este tramo, pero ha sufrido un proceso de deterioro que ha terminado por hacerla desaparecer de la vista casi en su totalidad. Éste comienza con el abandono de parte del empedrado para su uso exclusivo de caminantes y monturas. El lado más utilizado va sufriendo un proceso de desgaste y de desaparición de los cantos del empedrado mientras el otro va quedando oculto por el desplazamiento del terreno y por el crecimiento de la vegetación. Incluso en varios puntos la senda discurre ya paralela a la calzada original. Pero si la cubierta vegetal protege su estructura en unos puntos, en otros la presión del sustrato geológico y la acción de las raíces de los árboles va descomponiendo el empedrado, que los torrentes de agua terminan arrastrando.

Figuración del proceso de deterioro natural del empedrado Figuración del proceso de deterioro natural del empedrado.

Allí donde se conserva, la calzada presenta una estructura de entre 2 y 2,75 metros de anchura, con dos alineaciones laterales paralelas de grandes piedras, la del lado izquierdo de mayor tamaño y presentando desgaste por rodaduras y por el paso continuado de personas y ganado. El interior está compuesto de un empedrado a base de cantos rodados dividido en dos por un nervio central. Varios caños transversales integrados de obra en el empedrado funcionarían a modo de desagües en puntos concretos.

Ejemplo del empedrado original Ejemplo del empedrado original.

La actuación arqueológica no ha podido aportan datos cronológicos sobre el momento de construcción del empedrado en este tramo, su perduración en el tiempo o sobre su abandono como ruta, ya sea comercial, sobretodo, o de peregrinaje. Para ello debemos incluirlo en el contexto general del resto de la calzada. El tramo objeto de estudio pertenece a un trazado anterior al que ahora se sigue desde el Túnel de San Adrián. Éste, aun siendo de mayor anchura, no permite el paso de carruajes al presentar muchas irregularidades. Las marcas de desgaste por rodaduras que sí aparecen en puntos aislados de su encintado o en los cantos del interior serían consecuencia de la amortización de ese empedrado anterior, al que se solapa en parte y al que corta en varios puntos. La construcción de esta calzada, ahora principal, no se remontaría mucho más allá del siglo XVIII y provocó que donde no es coincidente, el otro se abandonara, quedando oculto por la vegetación en unos casos o desapareciendo en como consecuencia de la acción de los agentes climatológicos. Ambos formarían parte de una ruta única hasta el término de Zumarraundi, donde se desdobla en dos ramales, el que va en dirección a Zalduendo y el que desciende a Galarreta, continuación de la calzada que hoy se sigue desde el Túnel de San Adrián.

Restos del tramo abandonado hacia Zalduondo Restos del tramo abandonado hacia Zalduondo.

El camino que atraviesa este paso ha sido transitado desde que existen asentamientos humanos a ambos lados de la sierra, aunque su uso no sobrepasaba el ámbito local, sobretodo mientras era utilizada la cercana calzada romana Iter XXXIV, que era sin duda parte importante de los “caminos extraviados” a Compostela durante la Alta Edad Media, de los que habla Micaela Portilla en parte de su extensa obra. La conquista de Álava y Guipúzcoa para el Reino de Castilla bajo el reinado de Alfonso VIII pone freno a esta vía principal, ya que se necesitaba comunicar Castilla con la frontera francesa y los puertos guipuzcoanos sin atravesar Navarra, revitalizándose así la ruta de San Adrián. La fundación en 1256 de las villas de Salvatierra en Álava y Segura en Guipúzcoa por Alfonso X aumentó la importancia de este camino y es posible que sea entonces cuando se acondicione de forma definitiva con un primer empedrado o, al menos, con el cuidado sistemático de su trazado. La falta de documentación escrita anterior al siglo XIV no ayuda a asegurar esta hipótesis, en contraste con lo que sucede a partir de entonces y hasta el siglo XVII, cuando son más abundantes las referencias a la necesidad de reparar y conservar la calzada. Pero aunque la Calzada de San Adrián fue una ruta comercial, de carácter local inicialmente y de nivel “europeo” desde el siglo XIII, no cabe duda de que tiene también otra vertiente, la de su pertenencia al Camino de Santiago. Sin embargo, no son precisamente las actuaciones arqueológicas las que llevan a afirmarlo. Por ejemplo, las marcas de desgaste en parte de su estructura son producto del paso de carruajes cuando la mayoría de peregrinos se desplazaban a pie o a caballo. También se descubrieron con anterioridad en una de las galerías del Túnel de San Adrián numerosas monedas, pero sólo dos son ajenas a los reinos hispanos. Además, el auge de esta ruta coincide con el momento de mayor tránsito por el “camino francés”. Incluso las fuentes documentales y bibliográficas se circunscriben en un altísimo porcentaje a los siglos XVI y XVII, cuando queda muy lejos en el tiempo el uso de esta ruta como uno de los “caminos extraviados” a Compostela. Son sobretodo las investigaciones de Micaela Portilla las que vinculan la calzada al contexto general del Camino de Santiago. En numerosas publicaciones hace una recopilación de los textos que se refieren a los “caminos ocultos” que atravesaban Álava, aunque éstos, muy generales, se refieren seguramente tanto a la Calzada de San Adrián, como a la Iter XXXIV y al Puerto de Arlabán. La detallada descripción de elementos relacionados con el peregrinaje a Santiago en Araia, Zalduondo y Galarreta, son en definitiva las evidencias que vinculan a la Calzada de San Adrián con la Ruta Jacobea. Destacan las ermitas dedicadas a advocaciones vinculadas al Camino, como San Julián y Santa Basilisa, en el despoblado de Aistra, en Zalduondo, las desaparecidas de San Martín en Araia y Galarreta, la iconografía que guardan las iglesias de éstas y de otras poblaciones cercanas y los hospitales de peregrinos, además de otros elementos y topónimos. Para concluir debe insistirse en que, aunque es indudable el interés turístico de la Ruta de San Adrián como parte integrante del Camino de Santiago, el estado en el que se encuentra el empedrado que aún sirve de paso de excursionistas no invita precisamente a plantear su recuperación. Si el proceso de deterioro es más intenso allí donde se conserva a la vista, como se ha dicho antes, es en los puntos en los que la cubierta vegetal lo ha ocultado donde se conserva en unas condiciones a veces sorprendentemente buenas. Su puesta en valor debería conjugar en consecuencia tanto la labor de consolidación como la del mantenimiento continuado.Texto, fotos y plano: F. Javier Ajamil Baños———————————————————————————— Publicado en “Puente, nº 4” Revista de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Miranda de Ebro.

INVISIBLE(S) Me recibís en vuestra casa y me encuentro con un despliegue de información digna de un general en campaña: cartografía, planos antiguos, viejos documentos, croquis de estaquillados y un sinfín de pistas que permiten vislumbrar una realidad oculta, quizás, en el mejor de los escondites, el receptáculo que genera la desidia. Sin embargo ahí está, sacado de la invisibilidad a la que nuestra sociedad –la local, la propia, la que duele y daña- ha sometido a uno de los bienes que debería haber buscado dentro del baúl de su memoria, dónde se han perdido otros muchos otros que ahora intentamos recuperar, aunque su búsqueda sea infructuosa o el resultado sea el descubrimiento de un venerable despojo. El Camino, esa manera de hacer más ancho el territorio del alma, ha cruzado, invisible, las tierras mirandesas, hasta que el esfuerzo de unas pocas personas ha vuelto tangible un largo pasaje de nuestra maltrecha Historia local. Del mismo modo es posible que otros Patrimonios cercanos a la Ruta puedan hacerse visible desde ella. Me contáis, y no puedo más que asentir, que es necesario utilizar el viaje como factor de difusión cultural, que el Camino no puede cerrarse sobre si mismo y que es obligatorio tener una visión de conjunto del entorno para poder recuperar del olvido, y sólo por poner ejemplos cortos, las antiguas sendas que unían los castros indígenas antes de nuestra era, la vieja red de calzadas romanas que enlazaba a Deobriga con el Imperio Romano y el mundo, y como esas mismas rutas serán usadas por godos y musulmanes, aquellos que nos dejaron el nombre de Miranda durante el siglo VIII, y que en su retirada se verán sustituidos por gentes locales y foráneas que poblaran la cuenca mirandesa y de los que, desafortunadamente, sabemos muy poco porque, al igual que nuestro Camino, permanecen hoy invisibles a los ojos de una sociedad que sigue temiendo lo que ignora.

Texto: F. Rafael Varón HernándezFoto en la publicación: Salomé Sagüillo


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