¿Pero esto también teneís que mirar? Estudio Arqueológico en La Rachuela (Laguardia, Álava)

La revista Berberana ha publicado, en su número de Julio de 2010, un artículo de nuestro compañero Javier Ajamil (javier.ajamil@ondarebabesa.com) sobre el control arqueológico realizado en el entorno de la Plaza de la Rachuela en Laguardia.

Reproducimos el texto y las imágenes de este y agradecemos a Berberana su amabilidad al recoger el artículo y permitirnos su reproducción.

“¿PERO ESTO TAMBIÉN TIENES QUE MIRAR?”
Entre los meses de diciembre de 2009 y junio de 2010 se llevaron a cabo por parte de quien escribe estas líneas sucesivas visitas de seguimiento arqueológico de las obras de la “1ª fase de infraestructuras y pavimentación del Casco Histórico de Laguardia (Álava)”, en las calles Mayor de Migueloa, Travesía de Berberana y Rúa Mayor de Peralta. Fueron muchos los vecinos de Laguardia que me abordaron exclamando “¿Pero esto también tienes que mirar?”. Efectivamente en cumplimiento de la Ley 7/1990 de Patrimonio Cultural Vasco toda obra que se realice en éste como en cualquier otro Casco Histórico del País Vasco debe llevar aparejada una actuación arqueológica. Gracias a ello, en este caso en concreto, se ha conseguido documentar dentro de lo posible distintos elementos que convenía fueran valorados por parte de un arqueólogo, aunque estos fueran de escasa entidad arqueológicamente hablando. Por otro lado, se ha evitado así, que los trabajos se paralizaran innecesariamente ante las dudas que le pudieran surgir a la dirección de obra sobre la importancia de dichos hallazgos.
Las posibilidades de que estas obras afectaran a restos patrimoniales de carácter histórico-arqueológicos eran remotas, pese a que el entramado urbano actual es en algunos puntos diferente al creado tras la fundación de la villa en 1164. En este sentido, las probabilidades de hallar elementos anteriores a esa época eran mayores si cabe, ya que la distribución de los solares altomedievales y de los recintos habitacionales y/o productivos anteriores nada tendrían que ver con la de manzanas de casas, albañales y cantones que configuran el espacio intramuros tras la concesión del Fuero.
Los escasos hallazgos que se han producido pertenecen todos a la Edad Contemporánea, debido en gran medida a la importante alteración que ha sufrido el subsuelo de las diferentes calles afectadas por las obras actuales con la introducción de las diferentes canalizaciones que ahora se han puesto al descubierto.
Uno de estos hallazgos es una atarjea o caño que aparecía a unos 40 cm de profundidad y que discurría a lo largo de la calle Mayor de Migueloa. Se trataba de una canalización construida mediante dos alineaciones de piedras areniscas paralelas cubiertas con losas labradas también en arenisca y en cuyo interior se disponían una serie de tejas curvas invertidas superpuestas unas a otras para que discurriera el agua. En algunos puntos los laterales del caño fueron sustituidos por ladrillos macizos como consecuencia de reparaciones posteriores.
También se halló parte de una cavidad, a 1,50 m de profundidad, excavada en el estrato natural con una medidas de 1m de altura y una anchura de 42 cm que se ensanchaba hasta alcanzar un máximo de 1,20 m de alto por 80 cm de ancho antes de girar hacia la derecha en continuo descenso, 4,20 m más adelante del punto de su aparición, frente al límite de los portales 86 y 84 de la calle Mayor de Migueloa. Este túnel parece que pudiera tratarse del respiradero de una cueva subterránea, aunque bajo el edificio al que se dirigía no consta ninguna bodega. Sin embargo, la existencia de varias de ellas cercanas pueden estar indicándonos que alguno de los calados fuera más extenso originalmente, siendo tapiado alguno de sus pasillos o salas al dividirse la propiedad a la que pertenecía. Esta práctica se ha constatado en varias bodegas de la localidad.
Y ya en la calle Rúa Mayor de Peralta, a la altura del portal nº 3 se dio con los restos del antiguo empedrado que se extendía por las calles de la villa antes del que se acaba de eliminar. Sabemos por fotografías que se han conservado de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, publicadas por Emilio Enciso en Laguardia en el siglo XVI (1959) y Laguardia decimonónica (1987), que éste pavimento se componía de dos encintados laterales de losas de piedra arenisca a modo de aceras entre los que se extendía un pasillo de cantos rodados dividido en dos por un nervio central de sillares de sección trapezoidal. Ésta parte central del empedrado estaba más baja que el resto para que corriera el agua calle abajo.
Para terminar, decir que ésta ha sido sólo la primera fase de las obras de infraestructuras y que, cuando se aborden en zonas como los alrededores de las Iglesias de Santa María y San Juan habrá que estar especialmente atentos a los que éstas nos pueden deparar.
Frente de la zanja en la calle Mayor de Migueloa en la que se aprecian las viejas tuberías a la izquierda, el posible respiradero de una cueva en el centro y restos del antiguo alcantarillado a la derecha. (Foto Javier Ajamil)
Empedrado que se extendía por las calles de Laguardia al menos desde finales del siglo XIX y del que sólo se han hallado restos en la calle Rúa Mayor de Peralta (Foto publicada por Emilio Enciso en Laguardia en el siglo XVI y Laguardia decimonónica).

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