Epidemia de Cólera de 1855 en el Condado de Treviño – Sociedad Landazuri

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Epidemia de cólera de 1855 en el Condado de Treviño
Un escrito de tres páginas de un archivo familiar de San Martín Zar habla de la extensión de esta enfermedad
21.02.11 – 02:47 – SOCIEDAD LANDÁZURI (edición digital de elcorreo.com)
rComo comentamos en algún artículo anterior, pasamos a publicar otro interesante trabajo, cuyos autores son Pedro Uribarrena y Roberto Gonzalez de Viñaspre, que versa sobre la terrible epidemia de cólera que sufrió España, incidiendo en lo que ocurrió en nuestra provincia y Condado de Treviño.
Entre los documentos guardados en un archivo familiar del pueblo treviñés de San Martín Zar hemos hallado un escrito de tres páginas, con la tinta muy desvaída, que narra la extensión de la epidemia del cólera de 1855 en el Condado de Treviño y relaciona algunos de los estragos que produjo. Desconocemos quién fue el autor, ya que no lleva firma, si bien la misma letra aparece en otros dos documentos del archivo: una hijuela y las cuentas de tres años entre un amo y su criado mudo. Quizá se trata de una de las personas que, según el manuscrito, componían la Junta de Sanidad de San Martín Zar, que se había creado con el fin de ayudar a las autoridades municipales en el cumplimiento de las medidas contra la enfermedad. En este caso, formaban parte de la Junta de Sanidad el cura, el alcalde pedáneo «que lo hera Urbano Martínez» y el vecino Josep Mendiola.
Durante el siglo XIX se había extendido por el mundo el cólera morbo asiático, así llamado por ser originario de las orillas del río Ganges, en la India, donde era una enfermedad endémica. Álava sufrió su azote mortal en los veranos de 1835, 1855 y 1885, aunque de todas las epidemias fue la segunda, con creces, la más virulenta, puesto que la enfermedad invadió al 8,5% de la población y acabó con la vida de 3.000 personas, según los datos de Pedro M. Ramos.
En mayo de 1854 el cólera había arribado a Barcelona entre los ocupantes infectados de un barco procedente de Marsella. A partir de ahí la propagación fue rápida, siguiendo el curso superior del río Ebro, hasta que, como refiere el escrito de San Martín Zar, el «catorce de Nobienbre de 1854 se desarrollo el colera en la ciudad de Logroño aciendo estragos en dos o tres calles». La presencia del cólera en Logroño motivó que, catorce días después, el Ayuntamiento del Condado de Treviño adoptara diversas medidas preventivas.
Lapuebla de Labarca
El Ayuntamiento de Peñacerrada había adoptado cuatro días antes varias medidas preventivas contra la epidemia. No obstante, en Álava el primer caso no apareció hasta el 27 de abril de 1855, en Lapuebla de Labarca. La población veía aterrorizada e impotente el avance de la mortal enfermedad que se desarrollaba con rapidez y cuyos síntomas principales eran vómitos, sed, dolores epigástricos, deposiciones frecuentes blancas y fluidas, calambres, descenso de la temperatura corporal y a la postre, la muerte.
El miedo de la población se acrecentaba por el desconocimiento de la causa que producía la enfermedad y, en consecuencia, por la inexistencia de remedios efectivos para la curación, ya que su origen microbiológico solamente se conoció después de que Robert Koch aislara en 1883 el bacilo ‘vibrio cholerae’.
El doctor Fullá y los médicos titulares de la ciudad de Vitoria proponían en 1832 el tratamiento mediante «reposo y elixires», al tiempo que basaban la prevención en la higiene, «evitando la humedad, las aguas estancadas, abrigarse suficientemente, aire puro, baños tibios y frios, alimentos del reino animal, siendo perjudiciales las comidas fuertes, carnes ahumadas y saladas, las grasas, la leche, el aguardiente; como remedios desinfectantes se han ensayado el alcanfor, el vinagre, las fumigaciones, el agua de cal y diversos cloruros».
La creencia en la estrecha relación entre el estado de la atmósfera y la aparición de enfermedades infecciosas no es nueva y, como escribe José Ramón Cruz Mundet, a finales del siglo XVI también se consideraba el aire corrupto como uno de los elementos propagadores de la peste negra. Por ello, en Vitoria fue ordenado el derribo de los arcos y torreones que protegían los accesos a Herrería, Zapatería y Correría, a fin de airear mejor aquellos espacios y creyendo que así se verían libres del cólera. Sin embargo, tan drásticas intervenciones no pudieron evitar que la enfermedad, que continuaba extendiéndose, entrara en la ciudad y ocasionara la primera víctima el 5 de agosto.
 
De está publicación ya dimos cuenta en su momento a través de este blog y los autores, así como la revista Herrian, nos autorizaron a colgar el texto en la Red por lo que si lo quieres ver está aquí.
 
Y también lo podeis encontrar en la publicación on-line de Herrian clicando aquí.

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