Segunda entrega: El cólera en Treviño en 1855

NUESTRO PATRIMONIO
La epidemia del cólera de 1855 (II)
Un escrito de un archivo familiar de San Martín relata la tragedia que sembró la enfermedad
28.02.11 – 02:47 – SOCIEDAD LANDÁZURI
Continua el artículo de nuestros colaboradores Pedro Uribarrena y Roberto Gonzalez de Viñaspre sobre la terrible epidemia de cólera que sufrió España, incidiendo en lo que ocurrió en nuestra provincia y el Condado de Treviño. En él se reproducen íntegramente párrafos de escritos pertenecientes a un archivo familiar del pueblo de San Martín Zar:
A la carencia de conocimientos médicos efectivos para hacer frente a la enfermedad se añadía en esta época la escasa asistencia sanitaria fuera de Vitoria. Por ello, la proximidad del cólera motivó que las principales poblaciones se disputaran los servicios de los pocos médicos existentes. Así, consta que en abril de 1855 el Ayuntamiento de Peñacerrada se hizo con los servicios de D. Ramón Juárez, «médico titular de la villa de Trebiño», situación que afectaría de forma negativa a la asistencia médica del Condado, aunque no podemos concretar más, pues no se conservan en Treviño las actas municipales de este periodo.
Con todo, transcurridos tan solo cinco meses, volvió a quedar vacante la plaza de médico en Peñacerrada.
«… en vista de que el partido se hallaba sin zirujano y sin medico para atender al contajio de la enfermedad reinante se presento al Sor. Gobernador para poder lograr algun indibiduo de dha facultad que en las actuales circustancias se persone en este partido».
El anónimo cronista treviñés relata de esta forma la expansión de la epidemia por tierras riojanas y la invasión de Labastida por la enfermedad y narra cómo de allí se propagó hacia el Norte, siguiendo la dirección de los caminos más frecuentados, hasta entrar de lleno en el Condado de Treviño.
«La epidemia cesó en Logroño y se estendió en los pueblos comarcanos, se pasó el año 54 así bino el 55 (…) en algunos pueblos poco a poco cogiendo asta lo de Nágera como estendiéndose por los ríos, poco a poco se fue estendiendo ynbadiendo bastantes pueblos, llegó a Ollauri y Gimeleo aciendo bastantes estragos (…) En cinco o seis de Junio fue ynbadida la Bastida en que fue tanta la gente que se marchaba que les hobligó el tomar unas probi(dencias) muy serias (pa)ra contener y ausiliar (a) los ynbadi(dos) en este pueblo duro tres meses largos las bistimas fueron como ciento sesenta, muchos se subieron a Peñacerrada (…) En Fuidio fueron los primeros casos que ocurrieron en este murieron dos, en Aguillo Aja(rt)e seis o siete, en Argote en muy pocos días ocho o diez; enseguida fue ynbadida la Villa de Trebiño llebándose más de cinquenta bictimas, lo fue (P)ariza que en pocos días fueron cinquenta y uno (…) la noche del día de Sn. Bartolomé fue ybadido Billanueba Tobera que en pocos días se llebó dieciocho bistimas, tanbién fueron ynbadidos Albaina, Laño y Torre haciendo muchisimas bistimas, hallándose to(do) este país en el mayor conflicto».
El pánico de aquellas gentes se comprende por la pavorosa situación que se sufría en los pueblos invadidos por el mal. Los trágicos hechos que Saturnino Ruiz de Loizaga relata acerca de la comarca de Valdegovía son extrapolables, sin duda, a otras zonas, como el Condado de Treviño.
«De nuestra comarca, como de los pueblos y provincias limítrofes, se relatan cuadros espeluznantes y horrorosos: carros de bueyes que recorrían los pueblos recogiendo los cadáveres de los portales o bien éstos eran lanzados de los balcones o ventanas; pueblos que no tenían quién pudiera llevar sus muertos a enterrar; cadáveres hacinados en el cementerio; sacristanes que suplían al señor cura en los funerales por encontrarse éste asistiendo a los enfermos a bien morir (…) Las gentes sanas acudían a las iglesias multiplicando novenas y funciones religiosas».
Población aterrorizada
La población se sentía indefensa y aterrorizada ante la enfermedad y buscaba en rogaciones, novenas y rosarios cantados la esperanza en la intercesión divina. Cuando comenzó a remitir la epidemia también se celebraron multitudinarios sermones y misas de acción de gracias en muchos pueblos del Condado.
«…por fin parece que ceso en algun tanto y sin enbargo de haber echo barias rogación, nobenas, rosarios cantados auno (sic, por ‘aún no’) contentos con (esto) se apresuraron muchísimos pueblos a buscar predicador, (…)».
Pero el paso del cólera dejaba una sociedad demográficamente disminuida y económicamente extenuada. La crónica anónima de San Martín Zar refleja con nitidez el estado de penuria en que quedó aquella sociedad.
«Fue un año de todo muy escaso, creo que asta las plantas padecieron la epidemia, las llubias fueron tan tenpranas y copiosas que por ellas y la enfermedad que acometió a los pueblos se perdió mucha mies y duró la trilla asta últimos de Nobiembre, no solo en las montañas sino tanbien en las riberas de Rioja y Nabarra, con cuyo motivo fue el año más miserable de todas las cosas y así todas las cosas están muy caras (…)».

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